domingo, 19 de noviembre de 2017

Berlín (III)

Preparada para el Neues Museum
Llegaba el lunes en Berlín y sería nuestra primera salida por la ciudad sin el apoyo incondicional de nuestro anfitrión. Nos dimos cuenta de la dificultad que ello supondría cuando intentamos desayunar en una de las cafeterías del barrio y fuimos incapaces de hacernos entender en inglés. Tuvo que venir a rescatarnos un joven que recogía un café para llevar y tradujo al alemán nuestras necesidades de frühstück a las dos señoras que atendían en el local.

En los lugares turísticos no encontramos casi ningún problema, puesto que la mayoría de la gente joven habla algo de inglés y las indicaciones suelen figurar también en ese idioma además del alemán. Sin embargo, si te apartas un poco de las zonas más visitadas o las personas que te atienden superan la cincuentena es más probable que te entiendan si les hablas en ruso que en inglés, ya que en muchos casos vivieron en la antigua RDA bajo ocupación e influencia soviética. 

Superado el primer escollo del desayuno, nos dirigimos hacia nuestro primer destino del día, el Neues Museum. El día anterior habíamos adquirido en una oficina de turismo el MuseumPass, una tarjeta que te permite el acceso gratuito a los museos más importantes de la ciudad durante 3 días consecutivos. Sin ese pase, cada entrada oscila entre los 8 y los 12 euros, por lo que compensa mucho comprar el MuseumPass si se prevé visitar varias exposiciones.

A punto de entrar a la sala de Nefertiti
El Neues Museum está situado en la conocida como Isla de los Museos (Museumsinsel), una isla en el centro del río Spree que acoge cinco de los museos más importantes de Berlín. Nuestro objetivo ese día era visitar temprano el busto de Nefertiti, antes de que las salas se inundaran de gente. Para ello entramos al museo a primera hora y, a pesar de que ya había algo de cola para acceder, conseguimos contemplar casi en soledad y con total calma la figura de la reina egipcia. Dentro de la sala no se permiten fotografías y, quizás por ello, la conservación de la pieza es excelente. Dedicamos unos cuantos minutos a esta extasiada contemplación y luego continuamos nuestra visita al museo, que también alberga otras interesantes piezas como el Golden Hat, un sombrero cilíndrico labrado en oro macizo. 

Berliner Golden Hat
Balazos en las paredes del Neues Museum
Hacia el mediodía cruzamos el puente que separa Museumsinsel del resto de Berlín y nos adentramos en la Berliner Dom, la Catedral de Berlín. La entrada cuesta 7 euros y permite, además de la visita al interior de la iglesia, el acceso hasta una terraza exterior que discurre alrededor de la cúpula principal, con unas bonitas vistas de la capital alemana. 

Berliner Dom
Este imponente edificio de estilo neoclásico fue reconstruido a finales del siglo pasado debido a los daños sufridos durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Hay que decir que en muchísimos edificios que visitamos todavía se aprecian marcas de balazos y destrozos varios causados por las explosiones, algo que en muchos casos no se ha reparado aposta para que el visitante recuerde la crudeza y destrucción que causó la guerra. 

Cúpula Berliner Dom
Interior Berliner Dom
La Berliner Dom tiene una cúpula interior muy espectacular, realizada al estilo de la Basílica de San Pedro del Vaticano. Se comenta que precisamente el objetivo de esta gran iglesia era convertirse en un símbolo protestante como el ejercido por San Pedro para los cristianos. Las vistas desde lo más alto del edificio nos recordaron bastante a las que habíamos visto en el San Pablo londinense, con una panorámica impresionante de varios kilómetros de Berlín. 

Vistas desde Berliner Dom
Vistas desde Berliner Dom
Tras un almuerzo en uno de los muchos restaurantes que bordean el Spree en esta zona y muchas fotos al Bode Museum, en el que no llegamos a entrar pero cuyo exterior es una preciosidad, nos dirigimos caminando hacia el Deutscher Bundestag

Bode Museum
El Parlamento alemán es uno de los edificios más concurridos de Berlín y para poder visitarlo se requiere una solicitud previa, que nosotros enviamos días antes a través de internet. Entre otros datos, el Gobierno alemán te pide los nombres completos y fechas de nacimiento de los visitantes y te responde formalmente con un documento que deberás portar en el momento de acceso al recinto, indicando el día y la hora autorizada para tu visita.

Bundestag, edificio del Reichstag
Realizados todos estos trámites burocráticos previos, la entrada al Reichstag requiere además un extra de paciencia, ya que todas tus pertenencias pasan un control de seguridad inicial y, posteriormente, el acceso al edificio se realiza en pequeños grupos atentamente vigilados por guardias. Este procedimiento está totalmente justificado si tenemos en cuenta que en el mismo edificio trabajan los diputados alemanes y la propia canciller Angela Merkel preside sesiones de las comisiones que allí se celebran.

El edificio del Reichstag, inaugurado inicialmente en 1894 y símbolo de la caída de los nazis tras la entrada del ejército soviético en Berlín en 1945, volvió a adoptarse como Parlamento en los años noventa. Conservando las imponentes fachadas, su interior está totalmente modernizado y coronado por una cúpula acristalada transitable y a través de la que se ve tanto el exterior berlinés como la sala de plenos del Parlamento en las plantas de abajo. En la base de la cúpula hay varias exposiciones sobre la actividad del Bundestag, sobre el edificio en sí y, desde la azotea, se puede contemplar un bonito paisaje de Berlín con el río Spree, la Torre de Televisión, la catedral, el Ayuntamiento Rojo y otros importantes edificios de la ciudad.

Cúpula del Bundestag
A pesar de los trámites y los engorrosos controles, se trata de una visita gratuita muy recomendable para adentrarse en los entresijos históricos y políticos de la mayor potencia económica de Europa.

Ya cayendo la tarde fuimos paseando por Tiergarten, el parque más grande de Berlín, que roza con el Reichstag y acaba desembocando en la Puerta de Brandeburgo y Pariser Platz. En ese parque se encuentra el Monumento a los soldados soviéticos caídos en Berlín, que consiste en una gran puerta con una estatua de bronce en lo alto y dos tanques T34. En la parte de atrás del monumento se encuentran las tumbas de unos 2.500 soldados que perdieron la vida entrando en la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial.

Monumento a los soldados soviéticos caídos, en Tiergarten
*** (Haz click en las fotos para ampliarlas)

*** (Continuará...)

jueves, 9 de noviembre de 2017

Berlín (II)

Lo bueno de llegar en fin de semana a Berlín fue que nuestro anfitrión no trabajaba y pudo acompañarnos en nuestras primeras visitas. Aparte de sus valiosas explicaciones acerca de la cultura alemana y la gran cantidad de anécdotas con que nos ilustró durante todo el viaje, descubrimos que un guía con conocimientos de alemán se hacía algunas veces más que necesario. Eso por no decir que las elecciones de dónde comer o qué trayecto de metro coger eran mucho más fáciles con él a nuestro lado.

Berliner Unterwelten
Pero al margen de ese (importante) detalle, nuestro segundo día en Berlín comenzó con un buen desayuno dominical y una visita con Berliner Unterwelten (Berlín desde abajo), que nos habían recomendado mucho. Berliner Unterwelten E.V. es la "Sociedad para la investigación y documentación de estructuras subterráneas" y se dedica a realizar visitas guiadas en varios idiomas por las entrañas de la ciudad, al tiempo que conservan los búnkeres y túneles en el mejor estado posible.

Esta organización ofrece varios tours diferentes, con una duración de entre hora y media y dos horas cada uno. El que nosotros elegimos fue el que se realiza por los subterráneos del metro, con zonas no accesibles al público, y que incluye la visita a dos búnkeres que estuvieron operativos durante la Segunda Guerra Mundial y posteriormente durante la Guerra Fría. Aunque durante la ruta no está permitido tomar fotografías, os aseguro que resulta impactante visitar esos lugares y revivir lo que podían significar en su momento para los miles de alemanes que vivían permanentemente bajo la alerta de un bombardeo.

La entrada a esta ruta cuesta 11 euros por persona y merece mucho la pena. Para evitar problemas, te recomiendan no realizar el recorrido si tienes problemas de claustrofobia y tampoco está permitida la visita con niños menores de 7 años. Los guías en español explican a la perfección la historia a medida que la recorres, con anécdotas para hacerla más amena y hacen que los visitantes tomen parte en la experiencia, además de garantizar siempre su seguridad con un guía a la cabeza del grupo y otro cerrándolo.

Mauerpark
Al salir de la oscuridad de los subterráneos berlineses nos dirigimos hacia todo lo contrario, el mercadillo de MauerPark, donde todos los domingos se congregan miles de personas para disfrutar de compras de segunda mano, comida callejera, conciertos y otras actividades al aire libre, incluido un karaoke muy popular. He de decir que los berlineses en general son muy sociables y, en cuanto se atisba un rayo de sol, casi todos los parques de la ciudad están repletos de jóvenes sentados en la hierba compartiendo cervezas y conversaciones. Berlín es de por sí una ciudad joven donde la actividad cultural es frenética y por todos lados se puede ver a nuevos artistas dando alas a sus capacidades creativas.
 
Señales del paso de túneles bajo el muro
Franja fronteriza del Muro, desde el Centro de Visitantes
Muy cerca de allí se encuentra el Memorial del Muro de Berlín, un Centro de Visitantes y un Centro de Documentación donde se muestra un exhaustivo estudio del Muro, su motivación histórica, sus efectos sociales y el recuerdo a las víctimas. Allí mismo se conserva una parte del antiguo muro, situada en una franja fronteriza, donde se puede ver desde un mirador las dimensiones exactas de la construcción y lo que tenían que superar quienes intentaban cruzarlo, con los riesgos que ello conllevaba. 

La ciudad en sí está repleta de recuerdos a todos aquellos que intentaron escapar del Berlín sitiado y no lo consiguieron. Centenares de metros de placas ubican los túneles excavados a mitad del siglo pasado y por dónde discurrían. En esta capital es muy importante mirar al suelo, ya que en cualquier momento puede aparecer una línea metálica en la acera señalando que por ese lugar exacto atravesaba el Muro.

Puerta de Brandeburgo
Continuamos el día acercándonos a la Puerta de Brandeburgo (Brandenburger Tor), uno de los símbolos más fotografiados de la ciudad. Tuvimos la mala suerte de que llegamos a Alemania en plena Eurocopa de Fútbol, con una selección alemana muy bien situada en la clasificación, por lo que la avenida posterior al monumento estaba "afeada" con una pantalla gigante, altavoces y multitud de puestos ambulantes de comida y bebida. Por lo demás, muchísimos turistas alrededor del monumento y en la Pariser Platz, entorno en el que se sitúan también algunos lujosos hoteles, las embajadas de Francia y Estados Unidos y algunos otros edificios gubernamentales, todos de corte imponente.

Monumento Conmemorativo del Holocausto
Dentro del Holocaust Mahnmal
En una de las plazas adyacentes se encuentra otro símbolo reciente de la historia alemana, el Monumento Conmemorativo del Holocausto. El conocido como "Holocaust Mahnmal" es un recuerdo a los judíos europeos asesinados por el régimen nazi y está compuesto por más de 2.700 bloques alargados de hormigón, sobre un terreno inclinado que supera los 19.000 metros cuadrados. Si nos adentramos en la estructura podemos sentir la claustrofobia y la confusión de no saber exactamente dónde nos encontramos, ya que los bloques, que para muchos se asemejan a tumbas, van adquiriendo diferentes dimensiones a medida que caminamos. El monumento fue terminado en 2005 y en uno de los laterales se pueden leer los nombres de todas las víctimas judías asesinadas durante el Holocausto.

Potsdamer Platz
Ya a media tarde nos acercamos a Potsdamer Platz, otro símbolo berlinés a caballo entre la modernidad y el clasicismo. Allí se encuentra por ejemplo el primer semáforo que funcionó en Europa y algunos restos del Hotel Esplanade, bombardeado durante la Segunda Guerra Mundial. Estas reliquias arquitectónicas descansan ahora protegidas por un grueso cristal en uno de los laterales del Sony Center, uno de los centros comerciales más modernos de Berlín.

Restos del Hotel Esplanade, Potsdamer Platz
Tras una foto de rigor en los exteriores de Legoland, el enorme local de entretenimiento de Lego, que estaba cerrado al ser domingo, nos acercamos también al Boulevard des Stars, una avenida al estilo del Paseo de las Estrellas de Hollywood con todos los nombres importantes del cine alemán. 

Legoland, Sony Center, Potsdamer Platz
Ya cayendo la tarde no pude dejar pasar la oportunidad de disfrutar de un apfelstrudel típico en una de las cafeterías situadas en los márgenes del rio Spree, con una vista inmejorable. He de decir que estaba delicioso, más aún después de los 5,20 € que costó.

Apfelstrudel en Friedrichs 106
* (Haz click en las fotos para ampliar)

** (continuará...)

domingo, 5 de noviembre de 2017

Berlín (I)

*** Esta entrada fue escrita hace aproximadamente un año pero no había podido ver la luz hasta hoy. Como de repente me han entrado unas ganas inexplicables de continuar mi actividad en el blog, la publico ahora para regocijo de unos y desdicha de otros, que se verán obligados sin remisión a volver a leer mis dislates. Asimismo amenazo con continuar publicando mis reseñas de viajes y actividades, que quizás en algún momento puedan ser útiles para aquellos que se aventuren por esos mundos desconocidos. Los que me conocéis ya sabéis que soy fan de los relatos cronológicos así que os sitúo en julio de 2016 y os animo a continuar leyendo :)

Destino: Berlín (muy temprano, ays)
Pues sí, lillusianos. Servidora ha vuelto a salir de su zona de confort geográficamente hablando para aventurarse durante unos pocos días en un nuevo destino vacacional. En un idioma entendido por (casi) todos se le llama "vacaciones" a ese fragmento temporal de duración determinada, sin obligaciones laborales, en el que intentas alejarte lo máximo posible del mundo conocido sin necesidad de recurrir a una sesión de espiritismo.

Realizando un profundo análisis de nuestras opciones durante ese corto período vacacional, cruzando datos macroeconómicos, microeconómicos, nanoeconómicos y también estrictamente personales, comprobamos que la balanza se inclinaba con fuerza hacia la actual capital de Alemania, Berlín. Una última revisión de las compañías aéreas acorde a nuestras fechas disponibles cerró el debate y ya en pleno julio cogimos un vuelo mañanero con destino a Berlín.

Como en anteriores ocasiones elegimos volar con RyanAir, principalmente por precio pero también por horario. El vuelo directo a Berlín de esta compañía sale del aeropuerto de Tenerife Sur a las 6.00 h. de la mañana, con lo que te pegas un madrugón pero a las 12.00 estás en Alemania y puedes aprovechar casi todo el día. La duración del vuelo es de alrededor de cinco horas, que se acaban haciendo pesadas si no tienes la suerte de quedarte dormido o engancharte con un buen libro. Yo me dediqué a leer, comer, dormir, hacer sudokus en la modalidad difícil con una app de móvil,... en fin, que cualquier opción de entretenimiento es válida para sobrellevar lo mejor posible el viaje. Eso sí, el vuelo fue tranquilo y más cómodo para mí que para Exseminarista Ye-ye que, como siempre, tuvo que olvidarse de que tenía piernas durante todo el trayecto debido al limitado espacio entre las filas de asientos de esta low-cost.
 
Mercadillo en Friedrichshain
Aterrizamos en Berlín con una previsión de tiempo cambiante, que tanto auguraba chubascos como sol y calor o ráfagas de aire frío. En el aeropuerto de Schönefeld nos esperaba nuestro anfitrión, un amigo de Exseminarista Ye-ye residente en Berlín desde hace varios años, para darnos unas primeras indicaciones sobre cómo movernos por la ciudad. Sus consejos sobre transporte, gastronomía y zonas a visitar fueron cruciales en nuestra corta estancia en su ciudad de adopción.


Tras instalarnos en su acogedora residencia en el barrio de Friedrichshain y recuperar fuerzas con un almuerzo tardío para el horario alemán, nos dirigimos hacia nuestro objetivo más cercano: el Muro de Berlín. Existen trozos del muro por casi toda la ciudad aunque muchos de ellos se han integrado tanto en la arquitectura de la ciudad, permanentemente en obras, que apenas son perceptibles. Donde ya no existe muro hay una serie de placas en el asfalto que recuerda su ubicación.
East Side Gallery
La parte más completa del muro corresponde a la East Side Gallery, una galería de arte al aire libre que muestra más de un centenar de murales sobre los 1.316 m. de muro que se salvaron del derribo. Estos graffitis, realizados por artistas de todo el mundo, suponen un símbolo para una ciudad que abría por entonces los ojos al mundo después de muchas décadas de opresión y explotaba por fin en aras de la esperanza.  

 
 
A pesar de ser pleno verano, el día estaba oscuro y era ya un poco tarde así que en lo que nos quedaba de tarde sólo tomamos algunas referencias más de los centros neurálgicos de Berlín, como la estación de Alexanderplatz y su plaza adyacente, que sirve de punto de encuentro para miles de personas cada día. 
 
Neptunbrunnen
Muy cerca de allí está también el Ayuntamiento de Berlín, la catedral, los jardines con la fuente de Neptuno y algunos monumentos más. La ciudad en sí es bastante fotogénica a pesar de que su skyline está repleto de grúas de obras, algo sobre lo que los propios residentes se permiten bromear. Después de tomar unas cuantas fotos más nos retiramos a casita a descansar para empezar con mucha fuerza nuestro programa del día siguiente.

Berliner Dom y Fernsehturm






* (Haz click en las fotos para ampliar)
** (Continuará...)

jueves, 2 de junio de 2016

Kate Miller-Heidke

Kate Miller-Heidke
Creo que, después de dos años, ha llegado el momento de actualizar la música de la semana en Lillusion. Tras aquel "London calling" de The Clash que dio el pistoletazo de salida a nuestro viaje a Londres de 2014, la verdad es que he escuchado un poco de todo. He tenido semanas muy setenteras, con mucho pop bailable, algún ramalazo nacional con clásicos del estilo de Rocío Dúrcal o Massiel, días en los que se ha impuesto el lenguaje del demonio de Rammstein y últimamente me ha dado por descubrir cosas a través de Spotify.

En uno de esos momentos de clicks aleatorios en artistas/canciones sugeridos por la aplicación sonó esta canción de Kate Miller-Heidke, "The last day on Earth". Esta cantautora australiana me era totalmente desconocida pero, tras escuchar dos o tres canciones suyas, me di cuenta de que merecía un poco más de atención por mi parte. 

Esta chica nacida en 1981 comenzó su carrera musical en el año 2000 y desde entonces ha publicado casi media docena de álbumes, además de hacer sus pinitos también como actriz en algunas series y musicales de teatro. La canción que nos ocupa en este post data de 2009 y está incluida en su disco "Curiouser". Se hizo muy conocida en su país por sonar en uno de los capítulos de la serie de culto para los australianos "Vecinos" y parece que recientemente también ha aparecido en un reality de baile en algún canal de TV que desconozco, gracias a lo cual el tema ha conseguido mucha más repercusión.

Portada del disco "Curiouser"

Kate Miller-Heidke tiene un estilo muy personal que a veces me recuerda a Tori Amos y a algunas otras cantautoras, con una voz aguda con toques de soprano y melodías de piano lánguidas. En otras canciones se acerca más al pop convencional, pero con un aire más alternativo que le da un especial encanto a su música, desde mi punto de vista.

En Spotify está (creo) toda su discografía por si queréis escucharla y disfrutar de su música. Por si no podéis acceder a la aplicación, os dejo también aquí el vídeo de YouTube con la canción que hoy nos ocupa, "The last day on Earth", de Kate Miller-Heidke. 
 

miércoles, 27 de abril de 2016

Yo tenía un blog

Las Cañadas del Teide, nevada marzo 2016
Hola! Bienvenidos un día más a "Yo tenía un blog", donde analizamos a aquellos bloggers que publicaban asiduamente en sus espacios personales en internet hasta que un buen día dejaron de hacerlo y desaparecieron de la faz de la tierra. Bueno, de esta faz, porque en Twitter, Facebook, Instagram y otros engendros del demonio siguen razonablemente activos. O sea, de vez en cuando.

Pues hoy, en "Yo tenía un blog", nos acordamos de Lillu y su incomparable página Lillusion.

Bien, centrémonos. Como dudo que alguien siga visitándome (aprovecho para saludar a mi madre y a mis primos de Madrid) pero tengo la secreta esperanza de que alguien lo haga, anuncio por este cauce que sigo viva y que amenazo con seguir publicando. Vale, sé que no son amenazas muy creíbles visto lo visto, pero es que ganarse el pan con el sudor de la frente (y del resto del cuerpo) tiene sus consecuencias más directas en esta faceta de la vida tan fundamental: el ocio.

No es que no tenga nada que publicar; es que apenas tengo actividades dignas de publicación fuera de la escena laboral. Y juro que no trabajo por gusto, faltaría más, pero la niña peluda (aka River) tiene que comer y en esta casa tenemos la fea costumbre de pagar el alquiler y las facturas religiosamente. Pero... a dónde nos lleva esta vacua reflexión? Pues a un punto muy concreto: estoy de vacaciones. Sí, lillusianos, si no fuera por ese pequeño detalle a buenas horas podría yo sacar un rato para actualizar este blog contando algo coherente. Vale, tampoco os cebéis con lo de la coherencia, que os conozco.

Ola ke ase?
A lo que voy. En estos largos días de vacaciones estoy teniendo tiempo para algunas de esas cosas que me hacen feliz: para leer algo de lo que no puedo leer a diario y avanzar en mi extensísima, por no decir inacabable e inabarcable lista de pendientes; para ganchillar de nuevo sin que el dolor de la mano lo haga imposible; para cocinar y hornear todos los panes que tenía en mente; para hacer unas pequeñas compras y reformas de hogar que llevaban esperando varios meses; para salir a comer y tomar algo con amigos a horas normales, sin prisas; para ver algunos capítulos de series que no encontraban su momento; para volver a correr, aunque sea a paso de tortuga y con distancias vergonzosamente cortas; y en general, para recuperar mis amadas rutinas de horarios, acostarme y levantarme temprano, olvidar el estrés y sonreír porque en todos estos días no me ha dolido la cabeza ni una sola vez. 

Pero como todo lo bueno se acaba, las vacaciones tendrán su fin y volverá el estrés, la falta de tiempo, el agotamiento y el desorden horario, así que no puedo prometer que este blog tenga la continuidad que desearía. Pero, como siempre, sabéis que estoy habitualmente en Twitter e Instagram, donde puntualmente comento detalles de mis desavenencias con el mundo y publico documentos gráficos de todo aquello que me llama la atención. En la barra lateral podéis acceder a esas cuentas y seguir el blog en Facebook para no perderos ni una de mis (escasas pero geniales) actualizaciones.

Teide, nevada marzo 2016

lunes, 29 de febrero de 2016

Madrid (y VI): Consideraciones finales

"compró suerte en Doña Manolita"... Ahí mismo ;)
Aprovechando que hoy es 29 febrero y esto sólo ocurre cada cuatro años, finalizo mi extensa revisión del viaje que hicimos a Madrid en julio del 2015. Extensa por el tiempo que he tardado en publicar todas las entradas, no porque las reseñas fueran muchas o largas en sí mismas. 

En fin, lo dicho. El balance de nuestro viaje fue, en general, bastante positivo. Teniendo en cuenta que hacía más de 10 años que yo no visitaba la capital del país, no encontré la ciudad demasiado cambiada pero quizás sí un poco más acogedora que en anteriores estancias, qué curioso. Supongo que esto son consideraciones totalmente subjetivas, pero hay ciudades de las que guardas buen recuerdo por lo que allí pasaste o viviste y otras cuya visita pasa más sin pena ni gloria.

La arquitectura de la ciudad resulta imponente y ese estilo clásico hace que pasear por sus anchas avenidas se convierta en una experiencia única, que sólo ofrecen las grandes capitales que se han mantenido un poco al margen de la modernidad urbanística. En Madrid han sabido conservar con bastante acierto esos enormes edificios que dan un toque de distinción, algo que se agradece.

Objetos de Arte Toledano y su homenaje a Las Meninas, Paseo del Prado
No he encontrado los precios de consumo tan caros como esperaba. La oferta gastronómica es amplia y variada y, si sabes por dónde moverte, puedes comer o cenar muy bien por poco dinero, sobre todo en determinados barrios. Está claro que aquí hay que tener uno o varios guías autóctonos (como fue nuestro caso) para poder disfrutar de las mejores opciones en relación calidad/precio. También hay las típicas zonas o locales de moda prohibitivos para personas como yo, pero eso es algo inherente a cualquier gran ciudad. 

A nivel de alojamiento, como ya comenté en la primera entrada de este viaje hay una gran variedad de hostales y hoteles cuyos precios oscilan entre los 30 y los 70 euros, dependiendo de lo que busques y la localización. El Barrio de las Letras, como ya comenté, es una zona ideal si la intención del visitante es acudir a los museos más conocidos de la ciudad, el Prado, el Reina Sofía y el Thyssen-Bornemisza. 

Trasera del Teatro Real, con su programación
A nivel cultural, Madrid ofrece cientos de opciones. Nosotros no teníamos intención de acudir a ningún musical ni obra de teatro, pero sin duda se trata de la ciudad ideal para ello. Multitud de teatros, salas de conciertos y pequeñas fundaciones tienen todos los días un programa adecuado para cualquier tipo de preferencia cultural. En los días que estuvimos no nos coincidió ninguna actuación musical que nos interesara, aunque cierto es que tras días repletos de visitas a museos y exposiciones tampoco teníamos el cuerpo para mucha más actividad.

Teatro Español
A pesar de ser una gran ciudad, Madrid se recorre muy bien a pie. Me refiero, claro está, a la zona más turística, al centro donde llegar de un museo a otro o de un monumento a otro lleva apenas unos minutos de paseo. A todo esto ayuda sin duda que la ciudad sea bastante llana, sin apenas cuestas. No utilizamos el metro más que en una ocasión, por una circunstancia concreta, y el autobús sólo para los desplazamientos del aeropuerto, pero creo que el servicio de transporte público cubre bastante bien las necesidades de un turista que se quiera alejar un poco del centro.

Calle Mesón de Paños con bolardos de ganchillo
Los culpables de lo anterior, La Laborteca
Ozymandias, el toque friki en la Calle de las Fuentes
Mi recomendación personal para moverte por la ciudad es callejear por las zonas más recomendadas y dejarte empapar por el espíritu castizo que desprenden las tiendas, los bares y la arquitectura. Y no viajar en verano también es una buena recomendación, porque te puedes morir de calor, jaja. Lo dicho, un viaje muy agradable y Madrid una ciudad a la que creo que volveremos pronto.

Puerta de Alcalá
* (Haz click en las imágenes para ampliar)

viernes, 19 de febrero de 2016

Madrid (V)

Km.0, Puerta del Sol
En el último día de nuestro viaje a Madrid teníamos unas horitas libres antes de coger el vuelo de regreso a casa. Decidimos dar otro paseo por el centro, revisitando la Puerta del Sol y el famoso Kilómetro 0, del que se supone que parten todas las carreteras estatales. Volvimos a pasar por La Almudena y el Palacio Real que, siendo ya fin de semana, mostraban un entorno mucho más concurrido.

Nuestra intención última era visitar el Templo de Debod, una antigua construcción egipcia situada en el Parque del Oeste y que, sinceramente, nos costó un poco encontrar ya que el acceso no está demasiado bien señalizado. Cuando por fin apareció ante nuestros ojos, después de unos cuantos rodeos, su visión resultó bastante emocionante.

Templo de Debod
El templo fue un regalo de Egipto a España en 1968, como agradecimiento por su ayuda en la conservación de los templos de Nubia, en riesgo por la construcción de la Presa de Asuán. Debod tiene unos 2.200 años de antigüedad y conserva en su interior unos grabados de gran interés histórico. En una de sus dependencias muestra una maqueta con su situación original en el valle de Asuán, al lado de otros templos egipcios, muchos de ellos hoy desaparecidos bajo las aguas de la presa.

Templo de Debod, edificio principal
A pesar de los carteles y los esfuerzos oficiales por mantener el templo en buenas condiciones, he de decir que los visitantes con los que coincidimos aquel día resultaron ser de lo más incívicos, ignorando las advertencias de no hacer fotos con flash o no tocar las paredes y dejando restos de bebidas por las esquinas oscuras del templo. Así sólo conseguirán que éste y otros monumentos se cierren al público y que perdamos todos los que de verdad respetamos y valoramos la cultura y el arte. Crítica aparte, es un lugar bonito para visitar.

Congreso de los Diputados
En nuestro paseo mañanero pasamos también por última vez por delante del Palacio de las Cortes, edificio que alberga el Congreso de los Diputados, con sus apuestos leones. Se trata de una construcción emblemática que identifica perfectamente el espíritu de este Madrid que estábamos a punto de abandonar. También pasamos por delante del edificio del Senado, una obra mucho más moderna con un interés arquitectónico similar al interés político de lo que allí sucede, es decir, más bien nulo.

Hacia el mediodía recogimos nuestras maletas en el hostal, compramos unos bocadillos en el muy recomendable Museo del Jamón y nos dirigimos hacia el aeropuerto, con una sensación muy agradable y un bonito recuerdo de Madrid a pesar de la ola de calor. 

León del Congreso
* (Haz click en las fotos para ampliar)

** (Continuará...)

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